Los tendones son como cuerdas fibrosas que unen los músculos a los huesos, permitiendo que las contracciones de los primeros se traduzcan en un movimiento efectivo de los segundos. Los tendones están además cubiertos por una membrana fina que facilita el deslizamiento en su interior.

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Tendinitis significa inflamación de un tendón. Esta inflamación puede aparecer por diversas causas, pero lo más frecuente es que se origine por un esfuerzo repetitivo para el que el tendón no está preparado. Por este motivo se consideran las tendinitis como enfermedades por sobrecarga y son especialmente frecuentes dentro de la patología laboral y deportiva.

Las tendinitis en el mundo del deporte son lesiones muy frecuentes que, además, suelen plantear problemas difíciles.  Este tipo de lesión constituye el 15% de los motivos de consulta en traumatología deportiva.

Cada deporte tiene unas tendinitis típicas, dependiendo de los movimientos repetitivos más característicos. Por ejemplo, en la escalada deportiva actual, la mayoría de tendinitis se localizan en las extremidades superiores, siendo las que aparecen con mayor frecuencia las siguientes: tendinitis de los flexores de los dedos, del braquial, del supraespinoso, bicipital y epicondilitis.

Como consecuencia de todos los factores que influyen en la aparición de tendinitis, en efecto, hay que elegir entre los distintos medios terapéuticos en función de la localización, la gravedad y la antigüedad de la afectación, el nivel deportivo y las motivaciones del paciente y, desde luego, según los tratamientos realizados con anterioridad.

Los métodos de tratamiento habituales de que disponemos son los siguientes:

Reposo: exige la suspensión de toda actividad física que afecte a la zona lesionada.

Medicación: incluye analgésicos y anti-inflamatorios no esteroideos. Estos últimos pueden administrarse por vía tópica (cremas PHYSIORELAX ). También resultan muy eficaces las infiltraciones con corticoides, pero tienen mayores riesgos.

Fisioterapia: pueden ser útiles como tratamiento de apoyo los ultrasonidos, los infrarrojos, la magnetoterapia, entre otros.

Cirugía: siempre es el último recurso para los casos más extremos que no experimentan mejoría con los anteriores tratamientos.

Si la dedicación al deporte la ha adquirido a un nivel de competición, debería plantearse el ponerse bajo la guía de un preparador físico profesional para mejorar el rendimiento y reducir el riesgo de lesiones para tener mayor calidad de vida (menos dolores) en el futuro.