Antes y después de toda sesión de entrenamiento físico está indicado realizar series de estiramientos para prevenir lesiones. No obstante, los estiramientos mal realizados, sin ser pautados por un especialista, pueden llegar a causarnos severas lesiones relacionadas con la tonicidad y la elasticidad (capacidad que tienen los músculos y ligamentos de extenderse y contraerse) de nuestras fibras musculares.

No hay que ser demasiado brusco ni llegar a un dolor extremo cuando realizamos los estiramientos, ya que perderían su efecto positivo y su beneficio en nuestro organismo. Los estiramientos deben ser lentos y graduales, conociendo hasta dónde podemos llegar y dónde se encuentra nuestro umbral de dolor.

La sensación de dolor en el estiramiento es una señal de que lo estamos haciendo de manera incorrecta. El músculo, tendón o articulación puede llegar a sufrir una contracción debido a la velocidad del estiramiento causando daños en las fibras musculares.

Todo entrenamiento de elasticidad y flexibilidad debe fundamentarse en: posicionar la espalda lo más recta posible (postura cómoda), una respiración relajada y concentrarse en la zona estirada.

Si vamos a comenzar con nuestra rutina de ejercicios, y estamos en una situación corporal fría y tensa, debemos estirar para calentar previamente y tener un mejor grado de elasticidad. Con ello evitamos tener desgarros o tirones musculares que nos supondrían tener que hacer jornadas de reposo.

Por lo tanto, los estiramientos podrían verse como unos ejercicios obligados cuando la técnica deportiva exige tener una gran elasticidad muscular. Sin embargo, en disciplinas como running o ciclismo, no están tan claro sus efectos beneficiosos. Existen estudios clínicos que demuestran que en aquellos deportes donde interviene la potencia o la fuerza explosiva, los estiramientos disminuyen el rendimiento muscular, incluso favoreciendo la aparición de pequeñas lesiones.