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Me duele la rodilla, eso significa que va a llover…

Esta es una frase típica que empleamos cuando cambia el tiempo y nos aparecen dolores en el cuerpo. Popularmente se cree que los cambios climáticos afectan a nuestro cuerpo, ya sea provocando dolores de cabeza, malestar general o dolores en las articulaciones. De hecho, las personas mayores que sufren artrosis o cualquiera que tenga una fractura ósea suele quejarse de dolor los días previos a un cambio de tiempo. Pero, ¿realmente existe una relación científica entre el dolor y los cambios del clima?

En primer lugar, es interesante destacar que la relación entre cambios climáticos y el dolor articular, constatada por diferentes grupos de científicos, no significa un empeoramiento de la artritis. A pesar de que el dolor se vuelve más agudo y constante, eso no significa que el paciente esté empeorando y la enfermedad se esté acelerando, sino simplemente que el paciente se vuelve más sensible al dolor de las articulaciones.

La aparición del dolor con respecto a los cambios en el clima está estrechamente relacionada con los fenómenos de  oscilación en la presión atmosférica. Cuando hay un cambio brusco en el tiempo, se dan una serie de fenómenos que van acompañados de modificaciones a nivel de la presión atmosférica. Se conoce que el buen tiempo va asociado a fenómenos de altas presiones, y el mal tiempo está asociado a bajas presiones.

En una articulación, la cápsula articular es una membrana que delimita, sostiene y hace funcionales las articulaciones. Es uno de los elementos de estabilización pasiva de la articulación en conjunto con los ligamentos. En el interior de la cápsula se encuentra un líquido que se denomina líquido sinovial, con una alta densidad, de carácter viscoso, y con una función de protección de las articulaciones, ya que minimiza la fricción entre las superficies articulares de los elementos óseos. Cuando el tiempo es estable, existe un estado de equilibrio entre la presión atmosférica y la que hay en el interior de la cápsula, provocando una situación de no dolor. En cambio, cuando hay bruscas variaciones en la presión atmosférica es cuando nos “alertan” nuestras articulaciones de un cambio de las condiciones meteorológicas, apareciendo el dolor.

Por eso, para calmar la sensación de dolor, en estos casos es beneficioso aplicar calor local en la zona de dolor y realizar ejercicio moderado, como por ejemplo nadar o caminar. Aplicar masajes con las cremas PHYSIORELAX aporta sensación de confort en músculos y articulaciones gracias a sus componentes naturales con propiedades antiinflamatorias (harpagofito e hipérico). Además, también se pueden administrar analgésicos y antiinflamatorios, así como medicamentos específicos para la artrosis.

Los cambios de tiempo pueden llegar a generar dolor e incapacidad funcional, por lo tanto hay que estar prevenido para tener una buena la calidad de vida cuando ellos se presenten.