Gracias a nuestras rodillas, esas articulaciones con un movimiento tan básico como importante, podemos subir escaleras, andar, correr,… son habituales en tantas actividades que es muy común padecer dolor, inflamación, desgaste óseo, etc.

Las rodillas son la más voluminosa de nuestras articulaciones y, además, la más sensible a las lesiones causadas por golpes. Están sujetadas por las dos palancas más largas del cuerpo, la tibia y el fémur,  y biomecánicamente están calificadas como inestables, ya que la superficie articular de la tibia es plana y la del fémur tiene forma de elipse, por lo que no tienen un encaje óptimo. La estabilidad les viene dada por el resto de estructuras colindantes a esta articulación: meniscos, rótula, ligamentos (cruzados y laterales), cápsula articular y músculos que le llegan de todas partes.  Entre sus tendones se encuentran las bursas, que debido al roce de los tendones se inflaman y provocan dolor (bursistis). Por el lado exterior de las rodillas se encuentran el vasto lateral y la cintilla iliotibial.

El síndrome de la cintilla ileotibial, conocida como “rodilla del corredor”, se produce cuando se tensiona este músculo, induciendo a que en su paso por la rodilla roce con la bursa y el fémur, y cause una fricción que provoca dolor intenso. Se trata de un dolor punzante que hay que tratar al menor síntoma para prevenir una lesión mayor. Estos dolores localizados en la parte lateral de la rodilla se hacen patentes durante la carrera, especialmente en terrenos con desniveles, ya sea ascensos o descensos, y se agrava al ampliar la zancada.

Las rodillas están expuestas a bastante estrés mecánico debido a que las flexionamos, las torcemos y en ocasiones nos las golpeamos realizando deportes o actividades físicas de alto impacto. Y ese puede ser el origen o el principio de una lesión crónica. Otro ejemplo muy común de lesión en las rodillas es la condropatía rotuliana, muy famosa en el mundo del running. La rótula, el hueso central de la rodilla, trabaja bien cuando se posiciona correctamente centrada, circulando entre fémur y tibia en el desarrollo de la zancada. Si no está bien alineada, se desvía hacia un lado desgastando el cartílago y produciendo la condropatía. El dolor es bastante intenso y su tratamiento se basa en el reposo y la toma de antiinflamatorios. Si la lesión persiste, es recomendable usar una rodillera de rótula libre, sobre todo para los corredores que quieren evitar la compresión y el aumento del roce rotuliano.

Para estos dos tipos de lesiones recomendamos una terapia de frío, donde combines el uso de una crema con la aplicación local de hielo. Después de cada entrenamiento, cuando detectes cualquier tipo de molestia o dolor, debes aplicarlo en series de 10 minutos y cinco de descanso, repitiendo el proceso tres veces.

Y para concluir, unos pequeños consejos para prevenir estas dos lesiones:

  • Estiramiento diario de los cuádriceps y músculos de la corva
  • Acortar la zancada en el running
  • No aterrizar con la pierna completamente recta y realizar la actividad física en superficies duras.
  • Fortalecimiento del tren inferior, especialmente isquiotibiales (pelvis, tibia, muslo…)
  • Cuidar el calzado (adaptado a las características de la pisada) por su desgaste y pérdida de amortiguación.
  • No elevar el número de kilómetros de forma exagerada en poco tiempo ni incrementar demasiado el peso cuando se realice deporte (por ejemplo, correr con mochila).