La exposición a los rayos de sol es beneficiosa ya que hace que el cerebro genere serotonina, un neurotransmisor que regula el humor, la ira y el deseo sexual y nos activa –entre otras cosas–. En cambio, la oscuridad de la noche hace que el organismo segregue la hormona de la melatonina que provoca somnolencia. La exposición al sol no es, no obstante, siempre peligrosa, siempre y cuando se tome con moderación y protección, ya que ayuda a la liberación de vitamina D y otras sustancias precursoras.

neurotransmisores deportevitamina dNo obstante, una exposición continuada y prolongada con los años a los rayos de sol provoca que nuestra piel cambie de color debido a la alteración de un pigmento que contiene ella: la melanina. Muchos cambios cutáneos, como el cáncer de piel o las manchas por la edad, son causadas por la exposición al sol.

La piel, el mayor órgano del cuerpo humano, no es una mera cobertura del organismo. Así lo demuestra, por ejemplo, el hecho de que su estructura y su función se vean influidas por muchos agentes externos del tipo radiaciones electromagnéticas, como por ejemplo la radiación ultravioleta (UV). Entre estas radiaciones que causan lesiones en la piel se encuentran los rayos X y los rayos ultravioleta, estos últimos presentes en gran medida en la luz solar, resultando los más perjudiciales los denominados UV-B y UV-C (no obstante, la capa de ozono absorbe los rayos ultravioleta C y solo deja pasar un porcentaje pequeño de los B).

radiacion UV deporteEn la piel encontramos diversas sustancias que actúan como pigmentos y le dan el color característico de cada persona. De estos pigmentos, el más importante es la melanina (polímero construido por moléculas derivadas del aminoácido tirosina), la cual se halla no solo en los seres humanos sino también en un número amplio de seres vivos (atención, no confundir con la melamina, compuesto orgánico cíclico nitrogenado que se usa para la fabricación de resinas constructivas).

melaninaCuando nuestras células se exponen a los rayos solares la melanina actúa para evitar el daño en el ADN que pueden producir las radiaciones ultravioleta, además de estimularse el proceso de melanogénesis, es decir, de fabricación de nueva melanina en los melanocitos. Este aumento de fabricación de melanina hace, además, que nuestra piel se ponga morena y tengamos un color bronceado después de exponernos al sol. La radiación ultravioleta es capaz también de oxidar la melanina causando un bronceado rápido pero que no dura mucho tiempo.

Elección de un protector solar

Un protector solar es preparado del tipo crema, gel, aceite, aerosol, etc, que se aplica tópicamente sobre la piel con la finalidad de protegerla de la radiación ultravioleta. La forma de protección puede ser por absorción, por dispersión o por reflexión. Aunque ningún protector solar protege de la radiación UV al 100%, los hay que ofrecen una protección bastante elevada y que, por tanto, evitan o disminuyen en gran medida las quemaduras y el enrojecimiento de la piel por exposición al sol.

Hay dos tipos principales de principios activos (llamados filtros) que se encuentran en los protectores solares: los físicos y los químicos. Estas son las características de cada uno de ellos:

  • Filtros físicos: los filtros físicos actúan reflejando la radiación solar, es decir, evitando que penetre en la piel, por lo que evita las quemaduras, y el bronceado o también pueden actuar transformando la radiación ultravioleta en radiación visible o en general menos energética (que es inocua). Se conocen también como pantallas solares, y suele ser el tipo de protección que encontramos en los protectores de alto factor de protección solar (SFP). Generalmente están fabricados con compuestos inorgánicos que reflejan la luz totalmente, como el talco, o como el dióxido de titanio, TiO2. Se trata de compuestos que no penetran en las capas de la piel, quedan en la superficie, por lo que suelen ser adecuados para personas con dermatitis o alergias.
  • Filtros químicos: Los filtros químicos son compuestos capaces de absorber la radiación y transformarla en otra forma de energía inferior, gracias a la presencia de dobles enlaces conjugados cuyos electrones absorben energía para pasar a un estado excitado. Existen muchas familias de compuestos capaces de hacer esto, como el ácido para-aminobenzoico y sus derivados, los cinamatos o las benzofenonas, entre otros. Aunque no protegen por completo de todas las radiaciones, son más fáciles de extender sobre la piel y además pueden permitir que cierta cantidad de radiación sí pase dicho filtro y nos broncee la piel.

Para saber qué capacidad de protección tienen los protectores solares ante la radiación ultravioleta se utiliza del denominado Factor de Protección Solar (SPF). El SPF, en la práctica, se mide como la cantidad de tiempo necesario (equivalente a una determinada dosis de UV-B recibida) para producirnos irritación y quemaduras en referencia al tiempo necesario cuando no llevamos puesto el producto. Es decir, si una persona en 15 minutos expuesta al sol sin ninguna protección ya empieza a sufrir quemaduras, con un producto de SPF 4, tardaría en empezar a sufrir quemaduras 60 minutos. Es por este motivo que cuanto mayor es el SPF, durante más tiempo nos protegerá la crema que nos hayamos aplicado. Lógicamente, el tiempo que tardamos en quemarnos depende también de la hora del día, dado que la intensidad de la radiación no es la misma a las 8 de la mañana que a las 2 de la tarde (durante la mañana y la tarde, la radiación solar tiene que atravesar una capa de atmósfera terrestre más gruesa que a mediodía).

Fuente: http://www.quimitube.com/rayos-ultravioleta-melanina-quimica-ponerse-moreno